A veces la vida te da sorpresas, a veces uno va en una dirección y el destino te lleva en otra. Pero a veces un evento no solo te cambia el rumbo sino que marca un antes y un después, a veces la vida entera se acaba en un momento y renaces después siendo otra persona. Este es el tipo de cambio que significa un diagnóstico de cáncer, y en especial el cáncer de mama, que afecta la esencia misma de lo que significa ser mujer. Esta es la primera parte de mi historia, de lo que significó para mí este diagnóstico y cómo cambio mi vida. Espero que cualquier mujer, no solo aquella que tiene cáncer, lea estas líneas. Lo que relato aquí puede ayudarle a salvar su vida.
Mi nombre es Maria Josefina y nací en 1946, y soy una mujer común y corriente. Tengo dos hijos, una niña y un niño, inteligentes, bellos y sanos de cuerpo y alma. Siempre he trabajado y aunque soy modista (estudié corte, diseño y confección en moda) hace unos años que trabajo como secretaria administrativa en una empresa de computación. Y había llevado una vida normal, con altos y bajos, con las mismas ilusiones y sueños de cualquier mujer de mi edad.
Pero todo duró hasta el mes de Julio de 2007, cuando fui a un control anual con mi cardiólogo. Él me encontró bien y me pidió los exámenes de rutina, además de derivarme a un dermatólogo pues le conté sobre una alergia que tenía en mis mamas.
Así que fui a ver una dermatóloga, la que me diagnosticó una dermatitis y me recetó una crema que debía aplicarme después de bañarme en la noche. Tratamiento que cumplí durante una semana, hasta que regresé a ver al cardiólogo para entregarle los resultados de los exámenes que él me había solicitado.
Le conté sobre el diagnóstico y el tratamiento que me había dado la dermatóloga, que incluía baños y friegas con crema y que no me habían dado resultado. A lo que el me contestó que no le gustaba lo que me estaba pasando en las mamas, pues ahora aparte de la picazón, mi pezón izquierdo me había comenzado a doler. Así que el cardiólogo me dijo que tenía que hacerme una mamografía y una eco mamaria.
Yo le llevé mis mamografías y eco mamaria de hacia 7 meses, pero él me dijo que tenía que hacerme los exámenes de nuevo pues no me afectaría en nada si las repetía antes del año.
Debo reconocer que soy muy dejada y amarrete con migo y le dije al médico que los repetiría a fines de año. Pero mi hija, que me había acompañado me dijo “No, lo hacemos ahora mismo”, y me llevó al Hospital de la Universidad Católica, donde consiguió hora esa misma tarde.
Fui a tomarme la mamografía y cuando comenzaron con el examen, también comenzaron las preguntas típicas:
Señora, ¿Tiene parientes directos que hayan tenido cáncer de mama: mamá, tías, hermanas?, ¿Cuando se tomó el último examen?, ¿Usted ha tenido antes algún tipo de cáncer?
Luego me tomaron la eco mamaria.
Fue en ese momento que sentí que me recorría un escalofrío por todo mi cuerpo y al mismo tiempo una terrible angustia me invadía. La tecnóloga pasó el examen y a la mitad hizo llamar a una colega, luego le mostraba la pantalla al tiempo que comentaba con palabras técnicas de esas que una no entiende. Pero mi corazón presentía el peligro, y pregunté : ¿ Qué pasa ? ¿ Tengo algo malo ?
A lo que me respondieron que nada, que todo estaba normal y que era solo rutina.
Bueno, el examen terminó y me dijeron que los resultados estarían en una semana, era un día lunes. El día martes por la tarde me llamaron del Laboratorio de la Universidad Católica para decirme que el examen había salido malo, que las imágenes estaban corridas, que no se podían ver y que por lo tanto debía repetirlo. Según ellos, para suerte mía pues tendría el privilegio de inaugurar una máquina nueva que tomaba las fotos tridimensionalmente.
Fui al día siguiente, me realizaron los exámenes de nuevo y me los entregaron de inmediato. Con mi hija nos dirigimos a la cafetería y me dijo “Mamá, veamos los exámenes”… pero yo no fui capaz. En aquel lugar, en aquel momento, me sentí cobarde, y sentí cuanta falta me hacía mi madre, me sentía tan pequeña y tan desvalida… Mi hija sacó valor y los leyó. La mamografía decía que se veían nódulos y aconsejaban hacer una eco mamaria, la eco mamaria corroboraba lo anterior y aconsejaban consultar con un cirujano oncólogo.
Fuimos de inmediato, pedimos hora de urgencia y nos atendieron con un sobrecupo. El oncólogo me revisó, vio los exámenes y ordenó una biopsia, la cual se efectuó dos días después.
Desde ese momento ya no tuve tranquilidad, me la lloré toda junto a mi hija, tuve la intención de que cuando saliera el resultado del examen, si era negativo, ocultárselo a mis hijos pues no quería que sufrieran. Pero luego pensé ¿Cómo voy a ocultarles la operación y el tratamiento?.
Mi hijo siempre me daba ánimo y me decía: “Mamá, no se preocupe, son solo nódulos y se desasen con un buen tratamiento”. Yo, por el contrario, presentía todo lo que se venía.
Cuando fui con mi hija a llevar el resultado de la biopsia al oncólogo, le rogaba a Dios que me hubiera equivocado y que no tuviera nada de cuidado… pero el destino ya estaba echado y el resultado fue un tumor cancerígeno de 2,5 mm.
El médico no me dio tiempo de nada y largó su batería :
Usted tiene un tumor que es malo, en su mama izquierda. No se preocupe, esto es simple. Yo la opero y es igual que destapar un azucarero, le sacamos la tapa y ya.
Todavía no puedo recordar fechas ni otros acontecimientos, es como si el mundo se hubiera detenido… todavía no lo digiero.
Cuando salí de la consulta, Carlita mi hija, estaba muy preocupada pues yo no demostraba nada, estaba ida. Pero cuando llegué a nuestra casa, me desahogué y lloré, lloré y lloré. Lo único que me preocupaba en ese momento no era yo, pues ya había vivido mi vida, buena, mala o fea, ya no había vuelta atrás. Pero mis hijos, quién los cuidaría, quién velaría por ellos, quién los consentiría, quién los consolaría cuando tuvieran problemas…
Ha pasado mucho desde ese momento. Ahora estoy operada, terminé la quimioterapia y estoy con hormono terapia. Al escribir estas líneas estoy reviviendo todo lo que me pasó y me doy cuenta de que aún no lo supero, que aún me causa dolor recordar todo lo que he vivido.
Pero esto me ha servido para crecer como persona, para acercarme aún más a mis hijos, para conocer gente muy valiosa, como las que he conocido en la Corporación Yo Mujer (Fundación para el Cáncer de mama), en Oncoísa, que es donde me administraron la quimioterapia y ahora me hacen el seguimiento, y muchas personas incluso anónimas que se me ha acercado en la calle cuando me han visto con mi turbante, que es signo casi inequívoco de un tratamiento para el cáncer.
Acepté escribir estas líneas contando cómo llegó este diagnóstico inesperado, pues creemos, junto con mis hijos, que fui afortunada al descubrir este cáncer ahora. La historia podría haber sido totalmente distinta si hubiese postergado mis exámenes hasta finales de año, o si el cardiólogo (que en principio nada tenía que ver) no me hubiera solicitado él los exámenes a la mama, y tantos etc. que habrían podido retrasar el descubrimiento de esta enfermedad.
A todas aquellas mujeres jóvenes o mayores, solteras o casadas, mujeres de cualquier tipo: Nadie está libre. Con tristeza he visto cómo esta enfermedad toca por igual a todo tipo de personas.
Así que el mensaje final es simple: No bajen la guardia, háganse sus exámenes tan periódicos como puedan y nunca, nunca, los posterguen. Su vida puede depender de ello.
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